Blogia

Y usted que lo vea

Que pare la maquinaria.

Que pare la maquinaria.

NOTA IMPORTANTE: SI ALGUN PRODUCTOR DE TELEVISION O CINE ESTÁ LEYENDO ESTO, QUE DEJE DE LEER AHORA, POR FAVOR. QUIERO TRABAJAR EN EL FUTURO.

Aunque parezca imposible, existe algo llamado derecho a huelga que también pueden disfrutar los guionistas de cine y televisión.

En Estados Unidos, la cuna de todo esto, han decidido ejercerlo. ¿Por qué? Por una simple razón. Porque están hasta el gorro de que los que se forran gracias a su trabajo no les den un porcentaje justo de esas ganancias.

En este caso, lo que piden exactamente es participación en los ingresos por los DVD que sus jefes vendan. Algo que parece de cajón. Ellos venden DVD´s, se forran con eso y lo lógico es que le den una pequeña parte (ínfima en realidad) a aquellos que han puesto los mimbres básicos a esos productos. Pero los productores, que son así de natural agarraillos, pues como que no quieren pasar por el aro. Así que los escritores han dicho, ¿ah, sí? Pues a ver quién escribe ahora las chorradas que vendéis.

Resultado: de momento esta semana todos los programas de TV que tienen algo de guión detrás (es decir el 99%) han cancelado y están emitiendo repeticiones. O lo que es lo mismo. Menos pasta para los productores.

Este es más o menos el resumen de lo que está pasando al otro lado del charco. Y cabe preguntarse: ¡!¿POR QUÉ ALGO ASÍ NO SUCEDE AQUÍ TAMBIEN?!!

¿Qué dices? ¿Qué es porque en España los guionistas de TV y cine están tan bien tratados que no tienen por qué hacerlo? Ooooh, no. Respuesta incorrecta.

En España el mundo del guión está un poco... cómo decirlo... como el culo. No es que esto sea como ser recolector de fresas en los invernaderos de El Ejido, pero vamos, que eso de que no nos paguen las ganancias de los DVD hasta se da por hecho.

Entonces, ¿por qué no sucede algo así?

Pues por una sencilla razón. Porque aquí no hay algo llamado sindicato. Repite conmigo: SIN-DI-CA-TO. O sea, eso que, cuando alguien te mangonea en el trabajo, pues te defiende y tal y te da cierto respaldo si quieres protestar. Sin sindicato, si protestas, tienes dos opciones. O te olvidas de lo que has dicho cinco minutos después de decirlo y sigues currando o te vas directamente a otro sitio a trabajar.¿Fácil verdad?

Quizá algún día deberíamos aprender de los yankis y montemos un sindicato y entonces podamos hacer una huelga. ¿Te imaginas?

¿Que por qué no me pongo a ello? Uy... Es que no tengo tiempo. Curro demasiadas horas extras.

¿Empiezas tú?

 

Se ha estado en Londres

Se ha estado en Londres

Mire hacia la derecha antes de cruzar. Que aquí los coches van al revés. Raritos que son los ingleses...

Amo a este imbécil.

Amo a este imbécil.

Este hombre es gordo, feo, egoísta, ignorante, intolerante, cateto, tonto, insensible, con unas ideas bastante despreciables, mal padre, peor marido, vago como la chaqueta de un guardia, guarro, materialista, grosero... Y sin embargo, le quiero tanto...

Para mí no cabe ninguna duda. Homer Simpson es el mejor personaje creado por la televisión. Incluso diría que es uno de los mejores personajes creados jamás. ¿Por qué? Pues porque a pesar de ser todo lo que he dicho que es, le tengo tanto cariño que hasta me da pena que no sea real, que no exista y me pueda ir con él a tomar una caña al bar de Moe.

La grandeza de este personaje es su dualidad. El hecho de que, a pesar de ser un compendio de todo lo malo que puede ser un humano, tiene siempre dentro algo de lo mejor que los humanos tienen.

Conseguir algo así es una proeza. Hommer se mueve constantemente en el filo de la navaja. Nunca es lo bastante despreciable como para que, en el fondo, no le tengas cariño. Y eso es precisamente lo que me parece tan grande de él. Que, sobre el papel, juntando todas las características de su personalidad, sea un tipejo al que no quieres tener a un radio de menos de un kilómetro de distencia y, que, sin embargo, cuando cobra vida, no puedas evitar sentir que es algo así como tu mejor amigo. Eso y por supuesto, que nadie me ha hecho reír tanto como él.

Todavía me sigue asombrando (después de años y años de ver capítulos de esta genial serie) la capacidad de hacerme reír de este tío. Su torpeza y su estupidez me han hecho pasar algunos de los mejores ratos de mi vida. Sus caídas y sus frases, cada línea de sus diálogos, son una joya. Así de simple. Todo lo que sale de boca de este personaje es una perla del humor. Y es que, simplemente, sin Homer no existirían los Simpson.

Sus creadores se dieron cuenta bastante tarde, por cierto. Hay que recordar que durante toda la primera temporada de la serie, el protagonista era Bart. Sólo a partir del segundo año Homer creció como personaje, se llenó de matices. Dejó de ser simplemente un idiota para convertirse en un retrato de todas y cada una de la miserias que todos llevamos dentro.

Y creo que es precisamente esto, el hecho de que nos veamos reflejados en él, lo que hace de papá Simpson un personaje tan extraordinario. Porque todos llevamos un Homer dentro luchando por salir. Porque todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sido miserables, egoístas o estúpidos. Y todos, como Homer, tenemos también esa parte buena que nos redime, eso que hace que al final de cada episodio le queramos más todavía. Porque, en el fondo, no es un mal tipo.

Quizá dentro de veinte años, cuando echemos la vista atrás, nos demos cuenta de todo lo que este hombre amarillo nos ha dado. Tal vez entonces digamos: "yo me crié con Homer Simpson. Homer me ha hecho ser quien soy".

O bien.

"Yo también soy Homer Simpson".

Soy un cascarrabias.

Soy un cascarrabias.

Hay ocasiones en las que la gente le hace a uno sentirse viejo.

Por ejemplo, cuando algún niño o adolescente te llama señor, o cuando descubres (como escribió David Trueba) que todos los futbolistas que te gustan son más jóvenes que tú.

De la ocasión que quiero hablar hoy es de lo viejo que nos hacen sentir los individuos que no tienen educación. Y cuando digo educación no me refiero a que no sepan leer y escribir. Quiero decir modales.

Esta gente me hace sentir viejo. Me obliga a quejarme, a ser un cascarrabias como los de los Teleñecos. Y eso me jode más todavía.

En cualquier caso, no sé si porque me hago mayor o porque es un hecho, cada día tengo una mayor sensación de que la gente en general no tiene modales. Y para muestra un botón:

La otra mañana tuve que ir al banco a hacer un ingreso. Después de chuparme una buena cola me tocó estar frente a frente con el empleado de banca. Le dije a qué había venido y el hombre se puso a ello. Hasta ahí, todo normal. El tío no era un paradigma de la simpatía, pero tampoco iba yo buscando amigos.

Pero de pronto, el tío se puso a hablar con su compañero de al lado. Para ello, dejó de hacer su trabajo (tramitar mi transferencia) y además se tomó su tiempo. Y ahí estaba yo, con prisa porque llegaba tarde al curro, esperando.

Por supuesto, el caballero en cuestión no pensó en ningún momento que quizá yo no tenía toda la mañana para hacer una gestión. No pensó que quizá podía molestarme que me ignorara de una manera tan clara. No pensó en mí, en definitiva.

Aparte de que no hizo su trabajo mostró una total falta de respeto. Y este tipo de cosas pasan cada vez más, me parece.

El otro día fui al cine a ver El orfanto y el tipo de al lado se comió al menos tres paquetes de gusanitos de esos que vienen en unas bolsas que hacen un ruido escandaloso cada vez que entran en contacto con la mano humana. No me molestan las palomitas, pero esto era acojonante, en serio... Así que me chafó varias escenas de la peli cargadas de suspense. ¿Le importaba molestar? ¿Lo pensó siquiera? No.

Hace un par de semanas subí a un autobús y unas adolescentes iban escuchando música en su móvil de última generación con MP3. Pero no con los auriculares, si no a través de los altavoces del aparatejo. Osea, que todo el autobús tuvimos que escuchar sus canciones a todo volumen. ¿Se detuvieron a pensar que quizá molestaban? No.

Y, como he dicho, lo que más me jode de todo esto no es la falta de eduación.

Lo que más me jode es que luego voy yo por ahí quejándome como si tuviese ochenta años.

Que luego voy yo y escribo esta entrada en mi blog.

Times Square

Times Square

Ahí va otra fotillo. Es Time Square, que se note que se ha estado de vacaciones en Nueva York. Una ciudad acojonante, como decía Sinatra en la canción.

Además que queda de puta madre decir eso de: "cuando estuve en Nueva York...."

La caja tonta o algunas perogrulladas sobre la tele.

La caja tonta o algunas perogrulladas sobre la tele.

Hace poco, estando en un bar, me presentaron a alguien que me soltó una frase que me hizo pensar. Describo un pelín la situación para ponernos en contexto.

La cosa sucedió durante el festival de cine de Donosti. El tío en cuestión estaba en la ciudad para no sé qué exactamente y de paso para ver el festival (llevaba, claro, la acreditación al cuello en plena calle) El caso es que salió el tema de que trabajo en televisión y fue entonces, después de decir que no le parecía mal el programa en el que curro, cuando soltó esta sentencia:

- Claro que yo no veo la tele.

En el mundillo freaky del guión existe algo llamado subtexto. El subtexto es el mensaje que está oculto tras alguna frase que suelta un personaje. Por ejemplo, cuando un personaje está claramente enamorado de otro y dice: te odio, el subtexto es: te amo con locura.

Una vez explicado esto ya puedo lanzarme a explicar cuál era el subtexto de la frase "claro que yo no veo la tele". En este caso el subtexto era el siguiente: soy una persona brillante que está por encima de la media y que nunca se rebaja al lodalaz cultural que es la televisión, puesto que sólo gasto mi valioso tiempo visionando profundas e intensas películas iranís o eslovacas que desafían al espectador rompiendo las convenciones.

O algo parecido.

A lo que voy es que esto me hizo pensar en el desprestigio que tiene la televisión en el mundo de la cultura. ¿A qué se debe?, ¿está justificado?, ¿estoy trabajando en un lugar que convierte a la gente en zombies sedientos de productos dietéticos, cremas antiedad y politonos?

La primera idea que surgió en mi ignorante cabeza fue la perogrullada de la que hablo en el título de este post, a saber: la televisión, en sí misma, no es ni buena ni mala. No es más que un medio de comunicación como otros. Lo que puede ser malo, bueno, brillante o pura bazofia es lo que se transmite por ese medio de comunicación.

Sin embargo, la tele, per se y en determinados círculos culturales sobre todo, parece a priori culpable del delito de "envenenar" las mentes de todos aquellos que la ven. Nadie tiene semejante prejuicio contra otros medios de comunicación como la escritura o el cine, a pesar de que ambos han dado claros ejemplos de que pueden llegar a ser tan o más perjudiciales que la televisión. Quiero decir que no he escuchado a nadie diciendo:

- Yo no leo libros.

Sólo porque Adolf Hitler publicó uno llamado Mein Kampf. O bien:

- Yo no voy al cine.

Por la sencilla razón de que haya numerosos y flagrantes casos de mal cine (son tantos que no sé qué ejemplos dar. Elegid el vuestro)

Así, pues: ¿por qué tanto odio?

Quizá la respuesta más inmediata sea que la tele es tan odiada porque el número de mierdas que ha proyectado contra el mundo es superior al de otros medios de comunicación. Pero, sinceramente, no creo que ese argumento sea válido. Sólo la escritura, con sus miles de años de historia, ha regalado inumerables más casos de bazofia. Y el cine, en su corta vida, también ha provocado mucho sufrimiento a sus espectadores. Así que el odio hacia la tele no puede ser algo numérico.

¿Entonces?

Creo que la televisión es el medio de masas más importante de la historia. Y la "altura cultura" siempre ha recelado de algo que no sea exclusivo de unos pocos, de una élite. La televisión, que llega cada día a millones de personas, es una diana perfecta para los snobs.

Pero también pienso que poco a poco, este prejuicio se irá (a la fuerza) abandonando. La televisión actual, y pienso sobre todo en la estadounidense, cuya influencia espero que llegue cuanto antes a España, tiene una calidad bastante mayor que el cine. Es algo ya sabido por muchos, pero series como Los Soprano, A dos metros bajo tierra, El ala oeste de la Casa Blanca y otras tantas son, hoy por hoy, lo más brillante del mundo audiovisual.

Así que la pregunta definitiva debería ser: ¿cuándo dejara la televisión de ser, de una vez por todas, la hermana fea, el amigo del que te avergüenzas?

¿Cuándo dejará la gente de decir, para defenderse, "yo es que no veo la tele"?

El éxito de Escenas de matrimonio o el Teorema de Pepa y Avelino.

El éxito de Escenas de matrimonio o el Teorema de Pepa y Avelino.

Sorpredente, incomprensible, en contra del sentido común... Estos son algunos de los calificativos que se me ocurren para describir el éxito de ese programa llamado Escenas de Matrimonio, de Telecinco.

Porque sí, amiguitos, lo queramos o no, "las matrimoniadas" de la productora de don Jose Luis Moreno son el programa de televisión más visto (o uno de los tres más vistos) cada día desde mediados de agosto.

Ante esto, la pregunta es: ¿cómo es posible que un programa basado en un sentido del humor tan zafio, tópico, antiguo, casposo y cutre arrase en las pantallas? ¿Qué ha pasado para que algo así suceda? ¿Por qué ha conseguido retrasar el estreno de la tercera temporada del programa de moda, usease, Camera Café?

Quizá sólo existan dos misterios mayores que este en el mundo: el origen del universo y el por qué del gran éxito de audiencia de la extinta serie de Ana Obregón "Ana y los Siete".

Para quien no la haya visto, Escenas de matrimonio consiste (y no exagero) en tres matrimonios de distintas edades poniéndose verdes los unos a los otros. Y ya está. No hay tramas, no hay evolución de personajes, no hay conflicto más allá del insulto más o menos creativo. Por no haber no hay ni chiste.

Y es que los chistes de Escenas de matrimonio son tan malos que en muchas ocasiones cuesta percatarse de su existencia.

Entonces, si es tan estúpida y prescindible, ¿por qué arrasa en los índices de audiencia? ¿Acaso todo el mundo se ha vuelto estúpido de repente? ¿Acaso los ultracuerpos han comenzado a cambiar seres humanos por vegetales extreterrestres?

No. ¿Entonces?

Lanzo mi hipótesis, o como ya habéis leído, mi teorema de Pepa y Avelino.

Creo que a la gente le gusta esta serie por varios motivos. En primer lugar, su bajo o nulo nivel de exigencia de cara al espectador. En la serie no sucede absolutamente nada y cuando no sucede absolutamente nada no hace falta de prestar atención. En segundo lugar, el recurso a la guerra de sexos (de la manera más simplona y tópica, sí, pero guerra de sexos en fin), es y será por siempre efectivo. Y, por último, el gusto hispánico por el griterío, el sainete y el esperpento (no el de Valle Inclán, off course) Es decir, "dales un par de gritos y reirán hasta orinarse en la ropa interior".

En fin. Esta es mi pequeña hipótesis. Sé que es incompleta y que no explica de todo el fenómeno. Pero sí, amigos, yo también me siento realmente confundido por el triunfo de este pequeño engendro.

Dad vuesta opinión si os place.

Atención a los títulos

Atención a los títulos

 

El cartel que veis es de la última película de los hermanos Farrelly (sí, los de Algo pasa con Mary). No quiero hablar de la peli porque no la he visto. Por varias razones. Una, que no se ha estrenado (lo hace el próximo 11 de octubre) y dos, porque no voy a ir a verla ni atado. No me va el cine de pedos y escatologías varias de estos dos directores.

Pero como digo, no quiero hablar de la película, si no de su título.

Es ya una antigua y gloriosa tradición de las distribuidoras de este nuestro país traducir libremente los títulos de los films yanquis que llegan a nuestras salas. Esta costumbre ha dado algun que otro resultado brillante que ha mejorado al título original, como por ejemplo Centauros del Desierto, The searchers en el original. Pero lo más normal es que produzca esperpentos como el que nos ocupa: matrimonio compulsivo.

El título original de la película de los Farrelly es (ojito que tiene miga) The heartbreak kid. O sea, tan parecidos como un mono y un helicóptero.

Me gusta imaginar la escena del momento en que los linces de la distribuidora dieron con este exacto y acertado título. Tal y como yo lo imagino, pudo ser algo así...

CREATIVO 1- Tío, tenemos que ponerle título a la última peli de los Farrelly.

CREATIVO 2- Ok. ¿Has visto el trailer?

CREATIVO 1- Sí, sale Ben Stiller.

CREATIVO 2- Qué majo es.

CREATIVO 1- Ya te digo. Pero a lo que vamos, que hay que ponerle un título para el mercado español.

CREATIVO 2- ¿Cómo se llama la peli en inglés?

CREATIVO 1- Algo así como el niño del corazón roto. Más o menos. Pero no me hagas mucho caso, que yo de inglés...

CREATIVO 2- Ese título es una mierda. Mejor nos inventamos uno que no tenga nada que ver. Total, somos unos máquinas.

CREATIVO 1- Descarao.

CREATIVO 2- ¿Sabes de qué va la peli?

CREATIVO 1- Ni puta idea. Sólo he visto el trailer. Pero tiene una pinta estupenda. Está Ben Stiller y una tía rubia que está bastante buena. El caso es que se casan y la tía cambia mogollón.

CREATIVO 2- ¿A qué te refieres?

CREATIVO 1- Pues a que abre una botella de cava y le da con el corcho en el ojo al pobre, por ejemplo. Y luego, están follando y le dice: pégame.

CREATIVO 2- !No jodas!

CREATIVO 1- Como te lo cuento. El bueno de Ben se queda de una pieza y ella le suelta un hostiazo como un pan de pueblo.

CREATIVO 2- O sea, una comedia de las que hacen época.

CREATIVO 1- Eso mismo. ¿Qué opinas? ¿Qué título le ponemos para que sea un pelotazo?

CREATIVO 2- Hm... Deja que piense... A ver... ¿Qué tal... "La tía buena no era lo que parecía"?

CREATIVO 1- No está mal. Un poco descriptivo, de todas formas. A ver este... "La rubia me saca un ojo con el corcho del champán"

CREATIVO 2- No sé... Hay algo que falla...

CREATIVO 1- A lo mejor deberíamos pensar en alguna otra peli. En otro título que cambiamos.

CREATIVO 2- Coño, es verdad. Así curramos menos. ¿Te acuerdas de aquella del tío que pone caras raras?

CREATIVO 1- ¿Robert De Niro?

CREATIVO 2- No coño. Ese también pone caras raras últimamente. Pero no. Digo Jim Carrey. Aquella del abogado... Cómo era... Mentiroso compulsivo.

CREATIVO 1- Hostias, sí. Me eché unas risas.

CREATIVO 2- El título estaba cachondo. Y si le llamanos a esta.... !MATRIMONIO COMPULSIVO!

CREATIVO 1- No sé... No tiene mucho sentido, ¿no?

CREATIVO 2- Ya, pero suena divertido.

CREATIVO 1- Eso sí. ¿Sabes qué te digo? Que nos quedamos con ese. Matrimonio compulsivo... Matrimonio compulsivo...Cuanto más lo pienso más me gusta.

CREATIVO 2- Hecho entonces. Nos hemos ganados los 2000 euros que nos pagan al mes.

CREATIVO 1- Y sólo son las diez. ¿Qué hacemos ahora?

CREATIVO 2- ¿Vamos a enfarloparnos con unas putas de lujo a algún hotel?

CREATIVO 1- Fijo.

 

Así más o menos lo imagino. Claro que puedo equivocarme.

A lo mejor las putas no eran de lujo.

No sé, a lo mejor estoy loco, pero me parece a mí que Matrimonio compulsivo es un título que no tiene ningún sentido. Pero claro, a lo mejor es cosa mía.

Que alguien atropelle a este puto erizo.

Que alguien atropelle a este puto erizo.

Sí amigos, sí. Habéis visto visto bien. Este es el puto erizo de los anuncios de Génesis Seguros. Un bicho que merece ser torturado hasta la muerte de la manera más cruel, lenta y dolorosa posible.

En general odio los anuncios con animalitos y que pretenden ser graciosos (ejemplo: el auncio ese del coche en que los perros hablan sobre el nuevo amigo de su dueño, pa matarlos también), pero lo del puto erizo este es demasiado para mí. Si alguien lo ve por la calle que acelere y lo pise con el coche, por favor. Ese caroncete no merece nada mejor.

Y yo os estaré enternamente agradecido.

Una serie sobre nada.

Una serie sobre nada.

Ultimamente estoy volviendo a ver (tras pago previo del precio de algunos packs de dvd que cuya compra recomiendo) esa maravilla que es Seinfeld. Sin duda, la sitcom de más éxito de la historia de la televisión.

El caso de Seinfeld es una hermosa excepción. Hay que tener en cuenta que es una ficción muy poco convencional que nada tiene que ver con series al uso (véanse Urkeles, Padres forzosos,etc) Una serie que se basa en sacar punta a las menudencias de la vida cotidiana. A esos pequeños detalles que hacen alforar al neurótico que llevamos dentro. Trama imposibles como un concurso de "a ver quién dura más sin masturbarse", personajes inolvidables (siento predilección por el alopédico George Constanza, ruin perdedor y antihéroe donde los haya) y risa a gogo. Las antípodas de la usual y aburrida por convencional teleserie americana.

He querido que esta sea la primera serie de la que hablo porque, aunque quizá no sea la mejor, sí es la más original, la más marciana y la más divertida de cuantas series haya habido en el mundo. Qué suerte tienen en los USA que pueden permitirse hacer cosas así.

Quien no la haya visto, que le dé una oportunidad.

Seguro que si sigo con esto del blog un tiempo más vuelvo a hablar de ella.

Llorando como un crío

Llorando como un crío

 

De vez en cuando también colgaré foticos como esta que veis.

El por qué de escribir un blog o

 

Bueno, primera entrada y, como ejercicio de reflexión, bueno es comenzar pensando en por qué la gente (yo entre ellos) se dedica a esto de escribir blogs.

En mi caso, el factor que más ha influido es estar "enganchado" a la lectura diaria de varios blogs, en su mayoría de gente relacionada con mi curro. Esto es, el mundo del guión, principalmente para televisión. Supongo que este puntito de imitadores (herencia de nuestros abuelos los monos) que todos tenemos es fundamental a la hora de comenzar algo así. La moda del blog es eso, una moda (no sé si pasajera o no). Es decir, algo que uno hace porque lo ha visto hacer a otros.

En segundo factor, y aquí lanzo el órdago, creo que nace de un acto de vanidad. ¿Acaso no escribimos blogs para dejarnos notar, para imprimir nuestra huella en la red, para decir aquí estoy yo y esto es lo que opino sobre la cría del berberecho salvaje o sobre la geopolítica en ciertas regiones de Asia central? Me parece bastante factible que el ego tenga cierta parte de responsabilidad en la proliferación de los blogs o diarios personales. Porque estos, a diferencia de los diarios íntimos que todo hijo de vecino (yo la verdad es que no, para qué engañarnos) ha escrito en su adolescencia, el blog es público. Su función no es el secreto, si no la difusión. Es decir: eh, miradme, escuchadme, decidme cosas, hacedme casito...

No sé... A lo mejor estoy terriblemente equivocado, pero he estado pensando en la ducha en por qué me había dado de alta en este servicio y esta pequeña pajilla mental (juro que solo ha sido mental) es lo que se me ha ocurrido.

Pues ná. Saludos principiantes a quien lo lea.