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Y usted que lo vea

Lisboa

Lisboa

(Plaza del Comercio. Lisboa)

Esta semana santa anduve por Lisboa. Mu bonito y mu precioso todo.

¿Todo?

No.

El viaje de vuelta en coche fue horrible. Bueno, el viaje en sí mismo no, si no las dos horazas de retención que nos comimos en Burgos.

Hacía años y años que no estaba en semejante atasco. Miles de personas varadas en medio de la autopista (que por cierto, te hacían pagar a pesar de no ofrecer el principal de sus servicios: poder ir rápido) sin poder salir. Aquello parecía una escena de la clásica peli apocalíptica, en las que todos los habitantes de una ciudad la abandonan al borde del pánico ante la inminente llegada de un asteroide que va a destruir la Tierra.

Lo más alucinante fue cuando paramos en una estación de servicio atestada ( y me quedo corto) de gente. Entonces la peli dejó de ser Deep Impact para convertirse en La noche de los muertos vivientes.

Hay que ver cómo somos los humanos en situaciones excepcionales. Allí estaban abolidas casi todas las normas de la sociedad civilizada: gente meando alrededor del edificio, masas humanas apiñadas contra la barra para conseguir un bocadillo. En fin, dantesco.

Pero fue fascinante asistir a semejante espectáculo. Igual que ver una estampida de elefantes. 

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