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Y usted que lo vea

Un buen casting es la mitad del trabajo.

 

Vaya por delante de lo que voy a escribir mi opinión: El síndrome de Ulises (Martes en A3) me parece la serie española más digna que he visto estrenar esta temporada. Bien es cierto que me he perdido Herederos y la (al parecer) más que decente Desaparecida. En cualquier caso creo que es superior a Cuestión de Sexo o Gominolas y por bastante.

La serie tiene una factura decente, un actor principal que se desnuda demasiado pero que me parece una sorpresa para lo que yo esperaba y una narración tirando a cinematográfica en algún momento que se agradece.

En cuanto al guión, no es lo mejor que he visto pero mantiene el tipo dignamente. Sobre todo teniendo en cuenta que esta serie debería durar 30 minutos pero, por las jodidas políticas de las cadenas españolas con el prime time, tienen que alargar los capítulos hasta los 45 o más. O sea que la serie se resiente muy mucho en su ritmo por este motivo.

Anyway. De lo que quería hablar era de lo que me parece el mayor acierto de la serie. El casting.

Ya he hablado de MAM (qué peazo nombre artístico tiene el chaval, se ha comido la cabeza), que me parece que no está del todo mal. El problema que tiene es que el resto del casting es tan bueno que se lo comen con patatas. Los actores que le rodean mantienen a sus personajes en todo momento y los levantan de los rasgos algo caricaturescos que parecían tener en el primer episodio. Nancho Novo, para lo poco que me gusta está correcto y Olivia Molina me parece que alcanza muy buen nivel.

Pero los mejores, sin duda, son los más secundarios. El clan gitano, empezando por actor que hace de jefe mafioso (Javier Mora ) que es un puñetero crack, es de lo mejor. Son creíbles, graciosos y para el papel tan jodido que tienen por el riesgo de caer en el tópico zafio, están de puta madre.

Además este mimo por el casting no sólo se nota en los personajes fijos. Los secundarios están muy bien buscados. La semana pasada vimos a una familia de búlgaros que realmente parecían una familia de búlgaros, y no unos inmigrantes contratados por poco dinero como figurantes, como pasaría por ejemplo en Hospital Central.

Todas las caras que salen en la serie, aunque sea para decir una frase, parecen el fruto de una búsqueda estricta y meticulosa. Y esto, que debería ser algo cotidiano en TV, pues no lo es.

El casting es lo que acaba levantando la serie. Porque ya puedes tener líneas de diálogo más ingenionas que Woody Allen, que si el actor es un madero no hay nada que hacer. Un mal actor puede hundir al mejor de los guionistas.

No sé quién es el responsable del casting de El síndrome de Ulises, pero chapeau. Sí señor.

Creo que los guionistas deberían regarle un buen jamón estas Navidades.

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