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Y usted que lo vea

Gominolas.

Gominolas.

Anteayer se estrenó, por fin, y tras meses y meses de promoción algo machacona, la nueva serie de Nacho García Velilla (la cabezita pensante que había detrás de 7 Vidas y Aída). Un proyecto con el que Globomedia ha puesto toda la carne en el asador.

La serie me dejó un gusto ambivalente en la boca. Me explico.

El estreno de Gominolas es una buena noticia por varias razones. En primer lugar por su factura. Gominolas está grabada en cine y eso es tan de agradecer que cuando me enteré casi me echo a llorar. Por fin se graba en buena calidad en España. Por fin se prescinde de la multicámara, el decorado de sainete, la sitcom americana clásica pero mal adaptada. Cámara al hombro, buena fotografía, en fin, un goce.

En segundo lugar me parece un gran paso su duración: 30 minutos. Esta es la duración lógica para una comedia, no los 45 o incluso 50 que duran tradicionalmente estos formatos en la TVs españolas. Por primera vez (que yo sepa) una cadena apuesta por la calidad del formato y no por comprar algo que le ocupe todo el prime time y le permita racanear dinero. Aplauso para Cuatro en este sentido.

Pero dicho todo esto, las cosas buenas de Gominolas, vamos a lo que me ha dejado un regusto amargo en los labios.

Básicamente (y que nadie se ofenda, que tengo amigutes escribiendo en la serie) Gominolas me parece una oportunidad desperdiciada. Todas esas ventajas que he mencionado sobre el formato no son aprovechadas. Porque al final, el guión de Gominolas, que parte de una idea bastante original (los restos fracasados de un grupo infantil de los 80, algo que se perderá si hay futuras temporadas) peca de ser igual que lo visto en Aída o 7 Vidas. 

El fallo es que el humor que puede funcionar en un decorado evidente, que hace que la narración se convierta un algo así como un teatro, cuando se echa a andar en una producción de tipo cinematográfica, no funciona tan bien. El chiste de la comida de coño y los espárragos, por ejemplo, puede funcionar dicho por el Frutero de 7 Vidas, pero visto y con una imagen realista, resulta desagradabe.

Además, alguno de los actores no dan la talla. Kira Miró está muy buena, pero no defiende bien un personaje que, por otro lado, es un poco plano. ¿Cómo es posible que tras estar casada 10 años con un ricachón no se haya dado cuenta de que es gay? Y si se ha dado cuenta, ¿por qué le hace un numerito sexy el día de su aniversario? Tampoco Fernando Tejero, en quien se cifra todo el peso de la serie, está demasiado brillante.

Ya he dicho que el personaje de Kira Miró no me acaba. Pero el resto tampoco son demasiado originales. Esto no tiene por qué ser malo, claro. Aunque sí tengo la sensación de que se juega demasiado al estereotipo. De todas maneras es pronto para hablar sobre ello, hay que dejar que los personajes evolucionen con la trama.

En cuanto al guión, también había algunos momentos algo forzados. La voz en off de la muerta me parece que no aporta demasiado y que, cuando lo hace, es para explicar cosas que deberían quedar explicadas por la acción. Pero, lo peor, creo, en este sentido es que, para una vez que a alguien le dejan hacer capítulos de 30 minutos, le sobre tiempo. En el primer episodio se metían escenas elaboradas que no hacían avanzar la acción.

En fin, tampoco quiero hacer sangre, que ya digo que tengo amiguetes guionistas allí y porque además no ha hecho más que empezar y el equipo de Gominolas ya ha demostrado que puede mantener productos de enorme éxito en parrila durante años. Así que habrá que darles el beneficio de la duda.

En cualquier caso, insisto en que me parece una buena noticia que exista una serie con este formato. Y espero que tenga éxito y la gente se acostumbre a ver series así. Aunque debería mejorar.

Vamos a ponerle un cinco sobre diez.

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