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Y usted que lo vea

Soy un cascarrabias.

Soy un cascarrabias.

Hay ocasiones en las que la gente le hace a uno sentirse viejo.

Por ejemplo, cuando algún niño o adolescente te llama señor, o cuando descubres (como escribió David Trueba) que todos los futbolistas que te gustan son más jóvenes que tú.

De la ocasión que quiero hablar hoy es de lo viejo que nos hacen sentir los individuos que no tienen educación. Y cuando digo educación no me refiero a que no sepan leer y escribir. Quiero decir modales.

Esta gente me hace sentir viejo. Me obliga a quejarme, a ser un cascarrabias como los de los Teleñecos. Y eso me jode más todavía.

En cualquier caso, no sé si porque me hago mayor o porque es un hecho, cada día tengo una mayor sensación de que la gente en general no tiene modales. Y para muestra un botón:

La otra mañana tuve que ir al banco a hacer un ingreso. Después de chuparme una buena cola me tocó estar frente a frente con el empleado de banca. Le dije a qué había venido y el hombre se puso a ello. Hasta ahí, todo normal. El tío no era un paradigma de la simpatía, pero tampoco iba yo buscando amigos.

Pero de pronto, el tío se puso a hablar con su compañero de al lado. Para ello, dejó de hacer su trabajo (tramitar mi transferencia) y además se tomó su tiempo. Y ahí estaba yo, con prisa porque llegaba tarde al curro, esperando.

Por supuesto, el caballero en cuestión no pensó en ningún momento que quizá yo no tenía toda la mañana para hacer una gestión. No pensó que quizá podía molestarme que me ignorara de una manera tan clara. No pensó en mí, en definitiva.

Aparte de que no hizo su trabajo mostró una total falta de respeto. Y este tipo de cosas pasan cada vez más, me parece.

El otro día fui al cine a ver El orfanto y el tipo de al lado se comió al menos tres paquetes de gusanitos de esos que vienen en unas bolsas que hacen un ruido escandaloso cada vez que entran en contacto con la mano humana. No me molestan las palomitas, pero esto era acojonante, en serio... Así que me chafó varias escenas de la peli cargadas de suspense. ¿Le importaba molestar? ¿Lo pensó siquiera? No.

Hace un par de semanas subí a un autobús y unas adolescentes iban escuchando música en su móvil de última generación con MP3. Pero no con los auriculares, si no a través de los altavoces del aparatejo. Osea, que todo el autobús tuvimos que escuchar sus canciones a todo volumen. ¿Se detuvieron a pensar que quizá molestaban? No.

Y, como he dicho, lo que más me jode de todo esto no es la falta de eduación.

Lo que más me jode es que luego voy yo por ahí quejándome como si tuviese ochenta años.

Que luego voy yo y escribo esta entrada en mi blog.

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