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El éxito de Escenas de matrimonio o el Teorema de Pepa y Avelino.

El éxito de Escenas de matrimonio o el Teorema de Pepa y Avelino.

Sorpredente, incomprensible, en contra del sentido común... Estos son algunos de los calificativos que se me ocurren para describir el éxito de ese programa llamado Escenas de Matrimonio, de Telecinco.

Porque sí, amiguitos, lo queramos o no, "las matrimoniadas" de la productora de don Jose Luis Moreno son el programa de televisión más visto (o uno de los tres más vistos) cada día desde mediados de agosto.

Ante esto, la pregunta es: ¿cómo es posible que un programa basado en un sentido del humor tan zafio, tópico, antiguo, casposo y cutre arrase en las pantallas? ¿Qué ha pasado para que algo así suceda? ¿Por qué ha conseguido retrasar el estreno de la tercera temporada del programa de moda, usease, Camera Café?

Quizá sólo existan dos misterios mayores que este en el mundo: el origen del universo y el por qué del gran éxito de audiencia de la extinta serie de Ana Obregón "Ana y los Siete".

Para quien no la haya visto, Escenas de matrimonio consiste (y no exagero) en tres matrimonios de distintas edades poniéndose verdes los unos a los otros. Y ya está. No hay tramas, no hay evolución de personajes, no hay conflicto más allá del insulto más o menos creativo. Por no haber no hay ni chiste.

Y es que los chistes de Escenas de matrimonio son tan malos que en muchas ocasiones cuesta percatarse de su existencia.

Entonces, si es tan estúpida y prescindible, ¿por qué arrasa en los índices de audiencia? ¿Acaso todo el mundo se ha vuelto estúpido de repente? ¿Acaso los ultracuerpos han comenzado a cambiar seres humanos por vegetales extreterrestres?

No. ¿Entonces?

Lanzo mi hipótesis, o como ya habéis leído, mi teorema de Pepa y Avelino.

Creo que a la gente le gusta esta serie por varios motivos. En primer lugar, su bajo o nulo nivel de exigencia de cara al espectador. En la serie no sucede absolutamente nada y cuando no sucede absolutamente nada no hace falta de prestar atención. En segundo lugar, el recurso a la guerra de sexos (de la manera más simplona y tópica, sí, pero guerra de sexos en fin), es y será por siempre efectivo. Y, por último, el gusto hispánico por el griterío, el sainete y el esperpento (no el de Valle Inclán, off course) Es decir, "dales un par de gritos y reirán hasta orinarse en la ropa interior".

En fin. Esta es mi pequeña hipótesis. Sé que es incompleta y que no explica de todo el fenómeno. Pero sí, amigos, yo también me siento realmente confundido por el triunfo de este pequeño engendro.

Dad vuesta opinión si os place.

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